La acción de Francia en materia de control de armamentos y de desarme está orientada por una serie de principios constantes: lograr un mundo más seguro y un orden internacional más justo, fundado en la norma de derecho y en la seguridad colectiva, prevenir las amenazas frente a la paz, respetar el derecho de la legítima defensa, rechazar la competición de armamentos y avanzar hacia el desarme general y completo.
La proliferación de armas de destrucción masiva y de sus vectores es una amenaza.
La lucha contra la proliferación forma parte de la estrategia de seguridad nacional de Francia y se han llevado a cabo importantes acciones al respecto durante los últimos años. En dicho ámbito, Francia actúa mediante el multilateralismo, los regímenes normativos y en la medida de lo necesario, mediante iniciativas ad hoc, como la iniciativa de seguridad contra la proliferación, destinada a interceptar las mercancías sospechosas y conocida bajo su acrónimo anglosajón PSI.
Frente a una amenaza evolutiva, los instrumentos jurídicos como los convenios de prohibición, su universalización y su aplicación real, así como las cooperaciones multilaterales en materia de información y de control, constituyen la clave del futuro de la no proliferación.
Aún siguen existiendo múltiples desafíos por resolver en materia de proliferación a nivel nacional e internacional. La concertación multilateral debe aumentarse para conseguir implantar una reglamentación que pueda erradicar la proliferación.
Como miembro permanente del Consejo de seguridad de las Naciones Unidas y Estado dotado de armas nucleares en virtud del tratado TNP, Francia tiene responsabilidades concretas de cara al mantenimiento y a la consolidación de la paz y la seguridad internacional.
Uno de los grandes desafíos de la lucha contra dicha proliferación radica en el control de las exportaciones de bienes y tecnologías destinados a la elaboración de armas de destrucción masiva.
El continente europeo se dotó, a finales de la Guerra fría, de un tratado sobre las fuerzas convencionales cuya pertinencia no puede cuestionarse. No obstante, éste debe adaptarse necesariamente a la nueva situación estratégica europea. La lucha contra la proliferación nuclear no puede ignorar los armamentos convencionales para evitar desequilibrios mayores que inciten el lanzamiento de una competición por el armamento como sustituto de la posesión de dichas armas.
La diseminación de armas ligeras también constituye una amenaza para los estados de la Unión europea: ésta aumenta los riesgos ante la seguridad de sus ciudadanos en el extranjero y de sus fuerzas iniciadas en operaciones exteriores; alimenta el terrorismo internacional y la piratería.